Cruzar cualquier espacio en el mundo y ver una o varias personas con un cigarrillo y emanando humo del tabaco, es una escena cotidiana, una actividad particular, pero con efectos e impacto social.
Más que un hábito
Cada persona es libre de hacer de su vida lo que desea, siempre en los límites que la ley vigente lo permite, pero, ¿es el tabaquismo un simple hábito o más que eso? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la principal causa de muerte prevenible en el planeta. Más de siete millones de personas mueren cada año a causa del consumo de tabaco o de la exposición al humo ajeno. Cifras alarmantes y que tienen impacto en la salud pública, pues la exposición al humo ajeno, es decir los fumadores involuntarios, también se exponen a las consecuencias de salud de este hábito.
Comprender el daño a la salud
En la publicidad de los cigarrillos en los medios de comunicación masivos y en las cajetillas mismas, se lee claramente «Fumar es dañino para la salud» o mensajes parecidos, sin embargo, es importante comprender con lupa, que sucede cuando alguien enciende y decide fumar por cuenta propia o por inhalación involuntaria.
- La Nicotina: Es un compuesto orgánico presente de forma natural en la planta del tabaco. Es la sustancia responsable de la estimulación y, sobre todo, de la fuerte adicción.
- El Monóxido de Carbono (CO): Es un gas invisible y tóxico que se genera al quemar el tabaco. Es el mismo gas que sale del tubo de escape de los automóviles.
- El Alquitrán: No es una sola sustancia, sino el término que se usa para describir las partículas sólidas y pegajosas que quedan después de que se quema el tabaco. Contiene la mayor parte de los agentes que causan cáncer (carcinógenos).
La OMS clasifica el tabaquismo no solo como un mal hábito, sino como una enfermedad adictiva crónica (OMS)
Daño pulmonar
Los pulmones son el órgano más visiblemente afectado. El humo del tabaco destruye los cilios bronquiales —esas pequeñas estructuras que limpian las vías respiratorias—, inflama los tejidos y, con el tiempo, abre la puerta a enfermedades como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), el enfisema y, por supuesto, el cáncer de pulmón, que representa cerca del 85% de todos los casos de ese tipo de cáncer en el mundo.
Pero el daño no se detiene en los pulmones. El tabaquismo es un factor de riesgo comprobado para enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, cáncer de boca, garganta, esófago, estómago, páncreas, riñón, vejiga y cuello uterino, entre otros. Es decir el hábito particular afecta a quien lo practica, pero también a quienes alrededor se exponen al humo de las personas fumadoras y por ende hay un rebote en las estadísticas y afectaciones de la salud en la sociedad.
El fumador pasivo: la víctima sin elección
Quien decide fumar, ejerce su libertad de consumo de un producto legal que incluso contiene advertencias y hay mucha información al respecto, pero quien sin desear fumar , se expone a inhalar por el ambiente de trabajo, un espacio común social como una estación de transporte público o un espacio laboral , es alguien que puede sufrir las afectaciones sin gustarle, sin haber sido consultada y con a veces pocas opciones para alejarse de quienes están o van fumando, sin duda una encrucijada incómoda, pero que debe ser visibilizada.
La OMS estima que más de un millón de las muertes anuales relacionadas con el tabaco corresponden a no fumadores expuestos al humo ambiental. Los niños son especialmente vulnerables: la exposición pasiva aumenta en ellos el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante, infecciones respiratorias, otitis y asma. Un dato que interpela directamente a los hogares donde se fuma en espacios compartidos.
El impacto que no aparece en las cajetillas
Si el daño en la salud individual es devastador, el impacto social y económico del tabaquismo es igualmente formidable, aunque menos visible.
La OMS calcula que el tabaquismo le cuesta a la economía mundial más de un billón de dólares anuales, sumando gastos de atención médica y pérdidas de productividad. Para economías como las de Centroamérica, donde los sistemas de salud pública ya operan bajo presión constante, el tabaquismo representa una carga que compite con recursos destinados a enfermedades infecciosas, atención materno-infantil y otras prioridades urgentes.
El Salvador tiene una ley para controlar el tabaco
En El Salvador, el consumo de tabaco ha sido objeto de políticas públicas donde hay una «ley para el control del Tabaco, que incluyen advertencias sanitarias en las cajetillas, restricciones a la publicidad y promueven espacios libres de humo. Están visibles los carteles que prohíben ya sea fumar o vapear, en estos espacios es claro que está prohibido fumar desde áreas naturales protegidas, hasta espacios compartidos como centros deportivos o terminales terrestres y/o aéreas y se anima a denunciar a quienes no cumplan con esta normativa.
¿Cuestión cultural?
Persiste la normalización cultural del cigarrillo, donde se ve como travesura de adolescencia, signo de rebeldía o de libre decisión al llegar a la mayoría de edad y la penetración de productos alternativos como los cigarrillos electrónicos, acompañado de las pláticas de pasillo donde se dice popularmente «son inofensivos y están de moda»; principalmente entre las generaciones más jóvenes. La exposición no solo al hábito, sino a la normalización del mismo como algo cotidiano, incide en la decisión de realizar una actividad que no es inocua y que sí tiene mucha evidencia, informes y documentación alrededor de sus consecuencias que trascienden a quien lo realiza hasta su entorno más inmediato y pasando a la red de salud pública o privada de su país.
Wilbert Monterroza/El Salvador
Este artículo ha sido publicado en el sitio www.elinformeciencianews.co
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