Lo que separa a una comunidad que toma decisiones informadas de una que las recibe pasivamente es, en gran medida, el acceso al conocimiento. Y dentro de ese conocimiento, el científico ocupa un lugar que no puede seguir siendo privilegio de unos pocos.
Ver la raíz
Comprender que el conocimiento científico puede y debe ir a la par del avance de una sociedad es tener visión y fundamento , puesto que la educación científica no es o debe ser un lujo de naciones ricas, por el contrario la invcersión en los procesos de acercarla a las audiencias no especializadas es la raíz de una transformación desde lo individual hasta el grupo social.
¿Ser porrista de la ciencia?
Hacer un abordaje que busque la evidencia científica con la información disponible, no equivale a aplaudir por aplaudir la ciencia, sin conocer sus errores, admitir las fallas históricas o las aún vigentes donde por ejemplo se perciben algún tipo de desigualdad o injusticia en los procesos de su aprendizaje o implementación.
Sin embargo reconocer las fallas de la institución científica no equivale a renunciar al valor del conocimiento sistemático, verificable y colectivamente construido que ella produce.Visualizar y comprender esta diferencia es importante, pues debe estar presente la crítica que evidencia, denuncie o conlleve a la mejora de todo proceso para el beneficio de las personas. La forma en cómo se ha distribuido el saber no es lo mismo que resignarse a que siga distribuido de manera desigual. Al contrario: es precisamente el argumento más potente para exigir que el acceso al conocimiento científico sea tratado como su razón de ser : un derecho humano, y no un privilegio académico.
El Artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.
¿Qué cambia cuando una persona accede al conocimiento científico?
Creer que el saber y memorizar datos en sí mismo traerá alguna transformación es bastante reduccionista, pues no se trata solo de saber el nombre de los planetas o recordar la tabla periódica. La educación científica, cuando se imparte bien y se hace accesible, transforma la relación de las personas con el mundo de una manera que va mucho más allá del contenido que se pueda recordar.
Desarrolla el pensamiento crítico y analítico
El conocimiento y el aprendizaje del tema científico estimula la curiosidad, el cuestionamiento en cadena que profundiza más allá de lo que se dice saber y preguntar por qué se sabe eso que se sabe. Esta posición, va más alla a tener la capacidad de distinguir una afirmación fundamentada de una sin evidencia pero quizás cargada de emotividad, de entender por qué el consenso científico pesa más que una anécdota individual, de hacer preguntas antes de aceptar respuestas porque sí. y esto en un ecosistema informativo saturado de desinformación —vacunas, cambio climático, pseudoterapias, manipulación doctrinaria de diveross grupos con ideas extrañas — esa capacidad, no es un accesorio intelectual. Es una herramienta de supervivencia.
Participación de pluralidad de voces
En el Foro Hispanoamericano de periodismo de ciencia 2025 en la Ciudad de México, se abordaron las historias , más allá del laboratorio, para dar más voz y visibilidad a la sabiduría y conocimiento que hay fuera de los entornos que de manera estererotipada entendemos como científicos y esto es valioso porque amplifica la diversidad, respeta la historia de los pueblos y
amplía la participación ciudadana. Eso puedo ayudar a que las decisiones de política pública que más afectan la vida cotidiana —desde el manejo del agua hasta la seguridad alimentaria o desde las políticas de salud pública hasta la gestión de riesgos ante desastres naturales— son decisiones con componente científico. Y esto lleva a un estado donde la ciudadanía con cultura científica puede exigir manejo y toma de decisiones con base en la ciencia a quienes toman decisiones.
Además de asumir la responsabilidad colectiva que corresponde a quienes habitan una región con base en argumentos y evidencia del saber y no sólo en emociones o influenciado por agún agente mediático que hable sin esa información y perspectiva.
El mediano plazo: lo que empieza a verse en una generación
Los efectos de democratizar el acceso al conocimiento científico no son inmediatos. Se debe empezar de manera estructurada, determinada y articulada con visión de país y/o región. Sin enbargo en el mediano plazo de diez a veinte años, pueden empezar a verse importantes cambios como los casos de naciones por citar algunas: Finlandia o Corea del Sur. En cada país hay casos distintos, caminos distintos, pero con un denominador común. En todos ellos, la decisión de tratar la educación científica con visión integral de la sociedad, hoy les convierte en referente para las demás naciones.
El largo plazo: la ciencia como cultura
Invertir en acercar el conocimiento lleva tiempo, esfuerzo y recursos, pero sobre todo la voluntad de lograr las transformaciones de una nación y /o región
Además los medios de comunicación juegan un papel importante al implementar y darle el espacio a la información verificada, útil y educativa ya no como un relleno o nota curiosa, sino como insumos de toma de decisiones para la ciudadanía.
Cuando la ciencia se convierte en cultura, eso lleva a un cambio de ciclos y esa transición empezó con una decisión: tratar el saber como un derecho, no como un privilegio.
La desinformación como síntoma de una deuda pendiente
No se puede hablar de acceso al conocimiento científico sin nombrar su adversario más atomizado: la desinformación.
Las sociedades con menor cultura científica son sistemáticamente más vulnerables a las epidemias de desinformación. No porque sus habitantes sean menos inteligentes —inteligencia y acceso al conocimiento son cosas distintas—, sino porque sin herramientas para evaluar fuentes, comparar evidencias y entender los mecanismos del mundo natural y social, es mucho más difícil distinguir lo verdadero de lo fabricado para parecer verdadero.
La pandemia de COVID-19 lo demostró con una crudeza que no debería olvidarse. En países y comunidades donde la cultura científica era más robusta, la adhesión a medidas basadas en evidencia fue mayor y la penetración de teorías conspirativas fue menor. No perfecta, pues ninguna sociedad es inmune a la desinformación.
La desinformación va más allá de señalar a actores que de dudosa voluntad difunden ideas sin evidencia en tono alarmista o distractor de lo importante, es evidenciar la necesidad de la educación para contrastar y pedir contenido de valor en las distintas plataformas digitales como en los medios tradicionales. Y debe quedar la reflexión que saber no es un privilegio, es un derecho de cada persona.











