Dolores de cabeza, una gripe persistente o una molestia estomacal, una tos que no cede, suelen ser suficientes para que millones de personas recurran al botiquín de casa, la compra sin receta en una farmacia o un mercado cercano, antes de consultar a un profesional de salud. Esta práctica es tan común que muchas veces pasa inadvertida. Pero, la automedicación se ha convertido en un problema de salud pública al que debe ponerse atención y es algo que cada vez más preocupa a especialistas y organismos internacionales.
¿Qué sucede en la región?
En América Latina, diversos estudios han documentado altas tasas de consumo de medicamentos sin supervisión médica. Las razones son múltiples: dificultades de acceso a servicios de salud, costos de consulta, recomendaciones de familiares o amigos y la percepción de que ciertos medicamentos son completamente inofensivos.
La realidad es más compleja.
La Organización Mundial de la Salud advierte que el uso inadecuado de medicamentos puede generar efectos adversos, interacciones peligrosas y retrasos en el diagnóstico de enfermedades que requieren atención especializada.
Cuáles motivaciones hay detrás de esta práctica
- Económicas: La falta de recursos para acceder a servicios de salud o comprar medicamentos recetados es un motor principal.
- Acceso y Tiempo: La percepción de que acudir al médico toma demasiado tiempo o es innecesario para enfermedades consideradas «leves».
- Influencias externas: El consejo de familiares, amigos o personal no sanitario, así como la publicidad en medios (especialmente televisión) y la información en Internet, influyen en la toma de decisiones.
- Facilidad de adquisición: Las farmacias y boticas son identificadas como la principal fuente de obtención de medicamentos.
- Tradición: Es común escuchar: «Si mi abuelo, o mi papá tomaba esto, entonces me hará el mismo efecto positivo a mí»
- Uso inadecuado de la IA: Consultar parcialmente a un buscador o a la inteligencia artificial para considerar que lo que dijo. solo con describir los síntomas es fiable totalmente para no consultar a una persona especialista que pueda indagar más en las causas del síntoma e indicar qué medicamentos corresponde, la dosis adecuada y observar factores como peso, edad, entre otras condiciones.
Uno de los mayores problemas se relaciona con los antibióticos.
Es determinante, ante estos casos la actitud y decisión de muchas personas que continúan utilizándolos para tratar enfermedades virales como resfriados o gripe, pese a que estos medicamentos no tienen efecto sobre los virus. Esta práctica contribuye al desarrollo de resistencia antimicrobiana, un fenómeno que ocurre cuando bacterias evolucionan y dejan de responder a los tratamientos disponibles.
La resistencia a los antimicrobianos es considerada por la comunidad científica una de las amenazas sanitarias más importantes del siglo XXI. Cuando los antibióticos dejan de funcionar, infecciones que antes podían tratarse fácilmente se vuelven más difíciles, costosas e incluso mortales, esto no constituye un problema menor,por el contrario es un escenario que puede poner en riesgos innecesarios la estabilidad de salud de las personas.
Pero los riesgos de la automedicación no se limitan a los antibióticos
Es aquí cuando la frase de «consulte a su médico«,cobra total sentido, ya que el uso excesivo de analgésicos puede afectar hígado, riñones o sistema digestivo. Algunos antiinflamatorios pueden aumentar el riesgo de hemorragias o complicaciones cardiovasculares cuando se consumen de forma inadecuada. Incluso medicamentos aparentemente comunes pueden generar efectos secundarios significativos dependiendo de la edad, el peso, enfermedades previas o la combinación con otros tratamientos.
Otro problema frecuente es el enmascaramiento de síntomas.
Puede haber un engaño al controlar temporalmente el dolor o la fiebre, ya que una persona puede retrasar la consulta médica y permitir que una enfermedad avance sin diagnóstico oportuno. Lo que inicialmente parece una molestia menor puede terminar convirtiéndose en una condición más compleja, todo por no indagar con la persona especialista en el cuadro que está presentando y prestar atención a lo que está pasando y manifestándose en los síntomas.
En América Latina, especialistas en salud pública señalan que la educación sanitaria continúa siendo un desafío. La facilidad para adquirir ciertos medicamentos sin orientación profesional, sumada a la circulación de consejos no verificados en redes sociales, contribuye a la normalización de prácticas potencialmente peligrosas.
La ciencia médica insiste en que no existen medicamentos completamente inocuos. Todo fármaco implica beneficios, pero también riesgos que deben evaluarse de acuerdo con cada paciente.
En una época donde la información circula con rapidez, distinguir entre conocimiento médico basado en evidencia y recomendaciones sin respaldo científico resulta cada vez más importante.
Ciertamente una pastilla o inyección pueden dar una calma inmediata, pero al ser inconsulta puede haber en esos síntomas, una enfermedad no detectada, una complicación prevenible o un riesgo que pasa desapercibido hasta que ya es demasiado tarde.
La evidencia científica muestra que, con frecuencia, también puede convertirse en un problema que avanzó de forma silenciosa, por tanto, buscar tener el acompañamiento de la evidencia y la ciencia médica, puede ser más beneficioso que autorecetarse.
Wilbert Monterroza/El Salvador
Este artículo ha sido publicado en el sitio www.elinformeciencianews.com











