Hablar de Alzheimer es un tema aún no puesto en las agendas mediáticas, al menos no con la cobertura que demanda, hay mitos, rumores a su alrededor, un lamentable panorama cuando es en realidad un asunto de interés de la sociedad.
¿Qué es el Alzheimer?
Según el sitio Dialnet: «La enfermedad de Alzheimer es un trastorno neurológico inevitable en el que la muerte de las células cerebrales provocan pérdida de memoria y deterioro cognitivo que desencadena en demencia, siendo la causa más común de demencia en ancianos. Generalmente, se desarrolla en personas mayores de 65 años incrementando su incidencia en aquellos pacientes de edad aún más avanzada. Se considera una de las principales causas de muerte a nivel mundial».
Panorama de la enfermedad
El Alzheimer ya no es solo un drama privado: es una carga creciente para familias, sistemas de salud y políticas públicas. En 2025, se estima que más de 7 millones de personas mayores de 65 años viven con demencia tipo Alzheimer solo en Estados Unidos —una cifra que ilustra la magnitud del desafío demográfico y sanitario—, y que obligará a replantear desde la atención primaria hasta las redes de apoyo comunitario.
¿Cuales son los síntomas del Alzheimer?
- Tener problemas para encontrar o para pronunciar palabras, en comparación con otras personas de mismo rango de edad.
- Dificultades en el manejo del espacio y de la capacidad de visión.
- Dificultad para tomar decisiones o detrimento del razonamiento para analizar una situación.
- Lentitud en hacer tareas cotidianas
- Repetir preguntas;
- Perderse en las calles y dificultad para el manejo del dinero.
- Perder o extraviar cosas en lugares inusuales;
- Mostrar cambios en el estado de ánimo o en la personalidad;
- Tener más ansiedad o ser más agresivo
¿Qué hay de nuevo en investigación y tratamiento?
En los últimos años surgieron medicamentos dirigidos a eliminar o reducir placas amiloides —por ejemplo, tratamientos como lecanemab y donanemab—, cuyos estudios muestran que pueden ralentizar el deterioro cognitivo en fases tempranas del Alzheimer. Sin embargo, su beneficio no es una cura; implican riesgos (edemas cerebrales y hemorragias asociadas al tratamiento) y requieren protocolos de seguimiento muy estrictos. La discusión ética y práctica ahora se centra en quiénes se benefician realmente, cómo costear estas terapias y cómo evitar que el acceso quede limitado a quienes puedan pagarlo.
Pero la medicina sola no resolverá la crisis.
La evidencia reciente insiste en enfoques integrales: prevención del riesgo vascular (hipertensión, diabetes, sedentarismo), programas de rehabilitación cognitiva y modelos de cuidado centrados en la comunidad —medidas que, además, fortalecen la calidad de vida de la persona y alivian la carga del cuidador—. El llamado es claro: invertir en prevención, en capacitación de redes de cuidado y en sistemas que integren ciencia, salud pública y solidaridad familiar.
Información y campañas de concientización
Ciertamente falta mucha información que pueda traspasar los mitos o el estigma alrededor de esta enfermedad y fuertes campañas de conciencia en la sociedad para su abordaje con comprensión y actitudes mejores con base en evidencia y apoyo para quienes la padecen o son cuidadores de los pacientes de esta condición.
Wilbert Monterroza/El Salvador
Este artículo ha sido publicado en el sitio www.elinformeciencianews.com











