Ver las pantallas de manera obsesiva, estar hiperconectados y al mismo tiempo, tan distantes, son conductas comunes de diario, sin dudas es una época, donde todo parece medirse en cifras, algoritmos y productividad, hablar de arte y cultura puede parecer un lujo;pero no lo es. Una sociedad que no cultiva su arte ni su memoria cultural pierde poco a poco su identidad, su empatía y su capacidad de imaginar un futuro mejor. Y sin imaginación —nos enseña la ciencia— no hay progreso real.
Más que entretenimiento
De manera muy equivocada se cree que la cultura es solo entretenimiento,o actividades lúdicas para distraernos de la cotidianidad;pero es más que eso, pues es el conjunto de símbolos, valores, conocimientos, tradiciones y expresiones que dan sentido a la vida en comunidad. Es lo que permite reconocerce en una canción, una pintura, un poema o una película, identificarse , expreesarse o reflexionar sobre un tema. Es lo que conecta a las generaciones y transforma lo que se aprende en lo que se puede ser como grupo social. Desde la arqueología hasta la neurociencia, las investigaciones coinciden en algo: el arte y la cultura activan zonas del cerebro vinculadas con la emoción, la memoria y la empatía. En otras palabras, nos hacen más humanos.
Panorama LATAM
En América Latina, el arte y la cultura también son formas de expresión y resistencia. Los pueblos de la región, han narrado su historia no solo con documentos, sino con murales, con música, con danza, con palabras que sobreviven al olvido. Cada canción popular, cada obra de teatro comunitaria o festival cultural representa un acto de memoria colectiva frente a la indiferencia o la desigualdad e incluso al avance tecnológico que en algunos casos mal manejados, puede obviar estos procesos históricos. Y eso también es ciencia social: entender cómo las expresiones culturales sostienen el bienestar emocional y la cohesión de las comunidades.Una obra de teatro puede abrir más conciencias que un discurso propagandístico de cualquier índole. Y una canción puede ser, al mismo tiempo, protesta, consuelo y esperanza.Esa es la fuerza del arte: no solo refleja la realidad, sino que la transforma.
Arte en la Sociedad
Las evidencias científicas muestran, además, que la exposición al arte mejora la salud mental y fortalece la capacidad de aprendizaje, especialmente en niños y jóvenes. En hospitales, por ejemplo, los programas de arte terapia han reducido niveles de ansiedad y dolor en pacientes. En escuelas, la enseñanza de música y artes plásticas aumenta la concentración, la creatividad y la confianza. La ciencia, por tanto, confirma lo que la humanidad ha sabido siempre: se necesita el arte para ser y para avanzar.
Sin embargo, en muchos países de la región latinoamericana, la inversión en cultura sigue siendo mínima, y los artistas trabajan con recursos limitados. La cultura se percibe como gasto y no como inversión. Pero el verdadero desarrollo no se mide solo por el crecimiento económico, sino por la calidad de vida, la educación y la capacidad de crear. Una sociedad sin arte es una sociedad sin voz propia. Por tanto se debe apreciar donde se abren espacios para las expresiones del arte, oportunidades y escenarios frecuentes.
Ciencia sí… y cultura
Por eso, la comunicación científica también tiene un papel que jugar aquí: tender puentes entre la ciencia, la cultura y el arte, mostrar cómo se complementan y cómo ambos mundos nacen de la misma curiosidad por entender el universo y expresarlo. Los grandes científicos, desde Leonardo da Vinci hasta Carl Sagan, sabían que la creatividad es el motor común entre la ciencia y el arte.
En El Salvador y en toda América Latina, el desafío es rescatar ese vínculo. Promover espacios donde los jóvenes puedan aprender ciencia desde la música, la pintura o el teatro; donde el arte no sea un lujo, sino una herramienta de educación y transformación social. Porque cuando la cultura florece, también florece la inteligencia colectiva.
Arte para sensibilizar
El arte y la cultura no salvan el mundo por sí solos, pero lo hacen más habitable. Nos enseñan a sentir, a pensar y a soñar en conjunto. Y en tiempos donde la tecnología y la inteligencia artificial avanzan con velocidad, es vital recordar que nada reemplaza la sensibilidad humana.La ciencia puede explicarnos cómo funciona el corazón,pero solo el arte puede enseñarnos cómo se siente desde dentro, en nuestra vulnerable humanidad.











